La vida allí ya era una tragedia
19/01/2010 | Noticias
LUIS MAROTO RIVEROPor un lado decir a la gente de Haití que lamento lo que les ha ocurrido, que comparto su dolor por la pérdida de sus familiares y amigos y que sólo puedo enjuagar la impotencia que siento ante la tragedia de su pueblo con esta pobres palabras. Agradecer a los muchos voluntarios que van allí a ayudarles guiados por ese instinto que hace grande al ser humano y que le impulsa a socorrer a sus semejantes cuando estos lo necesitan, y los haitianos necesitan mucho del corazón de los demás. La otra cara de la moneda son los gobernantes de los países occidentales con su hipocresía y su doble moral. Ahora se acuerdan de Haití, la vida allí ya era una tragedia antes del seísmo, que por cierto los sismólogos ya habían anunciado con mucha antelación sin poder precisar la fecha exacta, pero asegurando que ocurriría. ¿Se tomó alguna medida?, ¿se preparó a la población para saber reaccionar ante la emergencia? Haití no importaba entonces, ni nunca ha importado. Ahora mandan millones de dólares o euros para enterrar a los miles de muertos. Cuánto bien se podría haber hecho con ese dinero antes, dotando a Haití de mejores estructuras, mejores servicios, colegios, etc...; y que nadie crea que ese dinero es regalado, pues es una especie de devolverles una mínima parte de lo que algunos países occidentales ya se han llevado.También podíamos sustituir el nombre de Haití y poner en su lugar el de otros muchos países de África o Sudamérica que el mundo occidental ha sumergido en la más absoluta miseria, donde la gente su muere de hambre y enfermedades ante la pasividad de occidente. Sólo les interesan de ellos sus minerales estratégicos o fuentes de energía o como mercado para la venta de armas. Que nuestros gobiernos se laven la conciencia a base de mantas, dinero y medicamentos está bien, pero ya no les sirve a los miles de muertos en el terremoto; han llegado tarde y cuando se apaguen las luces de la noticia volverán a olvidarse de Haití.
